sábado, 15 de diciembre de 2012
Historia #6
miércoles, 9 de mayo de 2012
Historia #4
sábado, 18 de febrero de 2012
Historia #5
Hacia tiempo que había perdido su esplendor, las farolas, ahora rotas, ya no brillaban por las noches iluminando el ancho y empedrado camino principal. Nada quedaba ya de aquel viejo encanto de las noches de feria, donde los arboles de la plaza eran adornados con lamparas de papel de colores y del conjunto musical que tocaba en el kiosco mientras hombres y mujeres daban vueltas en torno a el con direcciones contrarias.
Los mejores días del pueblo se los llevó el primer camión de pasajeros que recorrió la nueva carretera que situada unos kilómetros adelante, llevando el progreso y la modernidad a nuevos lugares, volviendo obsoleto el tren de pasajeros e necesaria la estación de ferrocarril que tanta importancia le había dado al pueblo. Poco a poco la gente se fue marchando en busca de mejores oportunidades, y ese lugar no paso de ser una promesa sin cumplir. Una promesa de algo grande, algo bello, de un hermoso sitio para vivir, y las casas fueron quedando vacías poco a poco, sus paredes se cubrieron de enredaderas, las lamparas se fundieron una a una sin nadie que se preocupara en cambiarlas.
Incluso la escuela que en su cúspide tenia un salón para cada grado, ahora se bastaba con uno solo para albergar a todos los alumnos desde primero hasta sexto. Y que decir de las clases de música que habían quedado en el olvido. Murieron el día en que el profesor, cansado por los años decidió no volver a tocar el piano. La artritis hacia demasiado doloroso el tocar, aunque en primavera, cuando el día era particularmente bueno, lograba, por unos instantes, hacer magia con su viejo piano de cola. Orillándolo a enclaustrase prácticamente ya que solo salia por lo absolutamente indispensable.
Una verdadera ironía la suya, cuando joven era demasiado feliz para resultar sobresaliente, ahora, con la melancolía suficiente para alimentar su inspiración el peso de los años no le permitía tocar mas allá de 5 minutos, pero solo en los mejores días de la primavera. Ahora, en la ultima casa de la calle principal en la mas fría noche de invierno su corazón comienza a latir de una manera extraña, con un ritmo raro. Lentamente se acerco al piano y poco a poco fue reproduciendo, literalmente, el ritmo que su corazón le dictaba. Al principio presionaba con timidez las teclas, pero poco a poco fue haciéndolo de manera mas fluida, poco a poco la sangre que era bombeada hacia sus dedos los movía al ritmo de la mas hermosa melodía que jamas se haya escuchado sobre la fas de la tierra.
Sus dedos y manos se movían de manera cada vez más frenética a medida que el ritmo de los latidos del corazón se iban incrementando, la música inundaba todo el pueblo, haciendo recordar viejas glorias, y por momentos parecía que las farolas brillaban nuevamente, y las lamparas de colores lucían tan hermosas como cada domingo mientas un par de amantes se besaban a la luz de la luna mientras la melodía alcanzaba su clímax. De pronto todo fue silencio, el sonido se apago y el corazón dejó de latir, y esa hermosa melodía se perdió en la inmensidad de la noche. Mientras yacía sobre el piano un hombre con la satisfacción en el rostro de una vida absolutamente gloriosa, aunque solo fuese en sus últimos momentos.