sábado, 15 de diciembre de 2012

Historia #6


El Cuentacuentos

A la luz de la luna llena, sentado a la orilla de su cama se acerco hasta ella y sus labios se unieron por primera vez, cual película de romanticismo barato sellaron su amor con ese primer beso. ¿Cómo llegaron a este punto? La verdad ninguno de los dos estaba seguro de ello. Un mes atrás el no figuraba en su vida, en la vida de nadie de hecho, y en ese instante su existencia cobro sentido, estaba ahí para hacerla feliz, no tuvo que decir nada, ambos lo sabían.

Él llego con la luna nueva, como un murmullo entre sueños, con promesas de libertad, esperanza y algo mejor. “Todo estará bien” le susurro al oído, mientras ella dormía profundamente, tomó una silla, se sentó frente a la cama, puso su mentón sobre el respaldo y la miro tan atento como quién abre los ojos al mundo por primera vez. Su respiración, sus labios entreabiertos, cómo cambiaba de posición hasta quedarse totalmente en calma eran cosas que lo hipnotizaban. Así siguió mirando mientras el alba se acercaba cada vez más, apenas vislumbraban los primeros rayos del amanecer ella abrió ligeramente los ojos y alcanzo a ver una silueta que se desvanecía dejando dejando un aura de paz y melancolía.

Al caer la noche, una vez más él la admiraba sentado frente a su cama, pero algo iba distinto, parecía intranquila, cambiaba de posición constantemente y su cara no reflejaba la tranquilidad de la noche anterior. A punto estuvo de despertarla, se acerco un poco, trató de tocarla, pero no tuvo valor, miro a su alrededor, buscando algo que le ayudase a cuidar su sueño, encontrando la tan ansiada respuesta sobre la mesa de noche, un viejo libro de cuentos, grueso, pesado y un poco enmohecido. El separador colocado justo a la mitad del prologo sugería que aún no compensaba a leerlo. Eligió una historia al azar y comenzó a leer, el tiempo transcurría palabra tras palabra, mientras el murmullo de su voz devolvía la parsimonia al tierno corazón de la encantadora señorita.

Así transcurrió noche tras noches, él leía y ella escuchaba entre sueños, lo imaginaba, apenas lograba ver su silueta desaparecer entre las primeras luces del alba. No sabía quien era o cómo llegó, más importante aún, no tenia la mas remota idea de por que volvía cada noche a velar sus sueños. Palabra tras palabra, murmullo tras murmullo el sentimiento crecía. Algunas veces ella aparentaba dormir mientras escuchaba su voz, en otras él acariciaba dulcemente su rostro, la veía con ternura mientras los dos corazones se fundían en un solo latido.

El tiempo pasa rápido cuando el corazón vuela y fue así como les llego la luna llena, era una noche como tantas otras. Recogió el libro de la mesa, lo hojeó un poco, eligió una historia. Tomó asiento a la orilla de la cama mientras ella simulaba dormir, él se se acerco un poco más intentando besar su frente y al sentirlo cerca ella lo tomo por el cuello. Fue mágico, hermoso y fugaz, mientras sus labios se unían y sus cuerpos se estremecían el comenzó a esfumarse lentamente como humo entre sus brazos.

Así como llego se fue, dejando en su partida un mar de lágrimas y corazón en dos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Historia #4

Lo que dice una sonrisa

Lo que contare a continuación tiene poco de ficción ya que ocurre día a día en cualquier parte, en un cine por ejemplo, donde el asunto se ha vuelto tan cotidiano que ni siquiera nos detenemos a pensar en ello, ni siquiera cuando en innumerables ocasiones somos nosotros mismos protagonistas.

-Puedo pedir un ICE- pregunta ella con una enorme sonrisa, el ve su cara de niña enmarcando la más hermosa sonrisa que el podría ver en ese momento y en automático su mente responde -Puedes pedirme el cielo, la luna y las estrellas si lo deseas, que yo daré todo por ponerlo a tus pies- mientras que de su boca solamente logra brotar un -¡Claro!- seguido de una amplia sonrisa.

Sin darse cuenta que la espada de Damocles blande sobre su cabeza, y esta historia que nació destinada a terminar lo hará más temprano que tarde. Pero no debería extrañar a nadie ya que esto es perfectamente natural, a lo mucho nos encontraremos en nuestras vidas con una historia de amor que dure por siempre, nuestro siempre.

Y así la feliz pareja entra a la sala del cine, con la ilusión de poder extender ese momento lo más posible.

sábado, 18 de febrero de 2012

Historia #5

Efímera Sonata Nocturna

Hacia tiempo que había perdido su esplendor, las farolas, ahora rotas, ya no brillaban por las noches iluminando el ancho y empedrado camino principal. Nada quedaba ya de aquel viejo encanto de las noches de feria, donde los arboles de la plaza eran adornados con lamparas de papel de colores y del conjunto musical que tocaba en el kiosco mientras hombres y mujeres daban vueltas en torno a el con direcciones contrarias.

Los mejores días del pueblo se los llevó el primer camión de pasajeros que recorrió la nueva carretera que situada unos kilómetros adelante, llevando el progreso y la modernidad a nuevos lugares, volviendo obsoleto el tren de pasajeros e necesaria la estación de ferrocarril que tanta importancia le había dado al pueblo. Poco a poco la gente se fue marchando en busca de mejores oportunidades, y ese lugar no paso de ser una promesa sin cumplir. Una promesa de algo grande, algo bello, de un hermoso sitio para vivir, y las casas fueron quedando vacías poco a poco, sus paredes se cubrieron de enredaderas, las lamparas se fundieron una a una sin nadie que se preocupara en cambiarlas.

Incluso la escuela que en su cúspide tenia un salón para cada grado, ahora se bastaba con uno solo para albergar a todos los alumnos desde primero hasta sexto. Y que decir de las clases de música que habían quedado en el olvido. Murieron el día en que el profesor, cansado por los años decidió no volver a tocar el piano. La artritis hacia demasiado doloroso el tocar, aunque en primavera, cuando el día era particularmente bueno, lograba, por unos instantes, hacer magia con su viejo piano de cola. Orillándolo a enclaustrase prácticamente ya que solo salia por lo absolutamente indispensable.

Una verdadera ironía la suya, cuando joven era demasiado feliz para resultar sobresaliente, ahora, con la melancolía suficiente para alimentar su inspiración el peso de los años no le permitía tocar mas allá de 5 minutos, pero solo en los mejores días de la primavera. Ahora, en la ultima casa de la calle principal en la mas fría noche de invierno su corazón comienza a latir de una manera extraña, con un ritmo raro. Lentamente se acerco al piano y poco a poco fue reproduciendo, literalmente, el ritmo que su corazón le dictaba. Al principio presionaba con timidez las teclas, pero poco a poco fue haciéndolo de manera mas fluida, poco a poco la sangre que era bombeada hacia sus dedos los movía al ritmo de la mas hermosa melodía que jamas se haya escuchado sobre la fas de la tierra.

Sus dedos y manos se movían de manera cada vez más frenética a medida que el ritmo de los latidos del corazón se iban incrementando, la música inundaba todo el pueblo, haciendo recordar viejas glorias, y por momentos parecía que las farolas brillaban nuevamente, y las lamparas de colores lucían tan hermosas como cada domingo mientas un par de amantes se besaban a la luz de la luna mientras la melodía alcanzaba su clímax. De pronto todo fue silencio, el sonido se apago y el corazón dejó de latir, y esa hermosa melodía se perdió en la inmensidad de la noche. Mientras yacía sobre el piano un hombre con la satisfacción en el rostro de una vida absolutamente gloriosa, aunque solo fuese en sus últimos momentos.