miércoles, 13 de marzo de 2013

Historia #7


La Carta

Una vez más frente a una hoja de papel en blanco, colocada en la vieja maquina de escribir de mi abuelo, golpeo con fuerza las teclas intentando sacarle a arañazos un poco de inspiración, inspiración que no consigo sacar de mi.

Tantas veces te hable de amor y de esperanza, te conté mis planes, mis sueños, mis miedos y mis anhelos, en aquellas platicas nocturnas donde nos sorprendió el canto de las aves que anunciaban un nuevo día. Y ahora mientras todo se derrumba y yo sigo aquí, esperando que llegue el estruendo de la ultima caída y el huracán que arrase todo sin dejar piedra sobre piedra, no consigo encontrar unas palabras que me acerquen un poco mas a ti.

¿Será que aun no termina por llegar la melancolía de quien lo ha perdido todo? Quizá sea que la imagen de tu sonrisa aun evoca la mía con demasiada fuerza. Tal vez aun queda un poco de esperanza, un atisbo de duda sobre si será este el final.

Qué mas da, esperemos a mañana cuando todo haya terminado y la inspiración fluya a borbotones.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Historia #6


El Cuentacuentos

A la luz de la luna llena, sentado a la orilla de su cama se acerco hasta ella y sus labios se unieron por primera vez, cual película de romanticismo barato sellaron su amor con ese primer beso. ¿Cómo llegaron a este punto? La verdad ninguno de los dos estaba seguro de ello. Un mes atrás el no figuraba en su vida, en la vida de nadie de hecho, y en ese instante su existencia cobro sentido, estaba ahí para hacerla feliz, no tuvo que decir nada, ambos lo sabían.

Él llego con la luna nueva, como un murmullo entre sueños, con promesas de libertad, esperanza y algo mejor. “Todo estará bien” le susurro al oído, mientras ella dormía profundamente, tomó una silla, se sentó frente a la cama, puso su mentón sobre el respaldo y la miro tan atento como quién abre los ojos al mundo por primera vez. Su respiración, sus labios entreabiertos, cómo cambiaba de posición hasta quedarse totalmente en calma eran cosas que lo hipnotizaban. Así siguió mirando mientras el alba se acercaba cada vez más, apenas vislumbraban los primeros rayos del amanecer ella abrió ligeramente los ojos y alcanzo a ver una silueta que se desvanecía dejando dejando un aura de paz y melancolía.

Al caer la noche, una vez más él la admiraba sentado frente a su cama, pero algo iba distinto, parecía intranquila, cambiaba de posición constantemente y su cara no reflejaba la tranquilidad de la noche anterior. A punto estuvo de despertarla, se acerco un poco, trató de tocarla, pero no tuvo valor, miro a su alrededor, buscando algo que le ayudase a cuidar su sueño, encontrando la tan ansiada respuesta sobre la mesa de noche, un viejo libro de cuentos, grueso, pesado y un poco enmohecido. El separador colocado justo a la mitad del prologo sugería que aún no compensaba a leerlo. Eligió una historia al azar y comenzó a leer, el tiempo transcurría palabra tras palabra, mientras el murmullo de su voz devolvía la parsimonia al tierno corazón de la encantadora señorita.

Así transcurrió noche tras noches, él leía y ella escuchaba entre sueños, lo imaginaba, apenas lograba ver su silueta desaparecer entre las primeras luces del alba. No sabía quien era o cómo llegó, más importante aún, no tenia la mas remota idea de por que volvía cada noche a velar sus sueños. Palabra tras palabra, murmullo tras murmullo el sentimiento crecía. Algunas veces ella aparentaba dormir mientras escuchaba su voz, en otras él acariciaba dulcemente su rostro, la veía con ternura mientras los dos corazones se fundían en un solo latido.

El tiempo pasa rápido cuando el corazón vuela y fue así como les llego la luna llena, era una noche como tantas otras. Recogió el libro de la mesa, lo hojeó un poco, eligió una historia. Tomó asiento a la orilla de la cama mientras ella simulaba dormir, él se se acerco un poco más intentando besar su frente y al sentirlo cerca ella lo tomo por el cuello. Fue mágico, hermoso y fugaz, mientras sus labios se unían y sus cuerpos se estremecían el comenzó a esfumarse lentamente como humo entre sus brazos.

Así como llego se fue, dejando en su partida un mar de lágrimas y corazón en dos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Historia #4

Lo que dice una sonrisa

Lo que contare a continuación tiene poco de ficción ya que ocurre día a día en cualquier parte, en un cine por ejemplo, donde el asunto se ha vuelto tan cotidiano que ni siquiera nos detenemos a pensar en ello, ni siquiera cuando en innumerables ocasiones somos nosotros mismos protagonistas.

-Puedo pedir un ICE- pregunta ella con una enorme sonrisa, el ve su cara de niña enmarcando la más hermosa sonrisa que el podría ver en ese momento y en automático su mente responde -Puedes pedirme el cielo, la luna y las estrellas si lo deseas, que yo daré todo por ponerlo a tus pies- mientras que de su boca solamente logra brotar un -¡Claro!- seguido de una amplia sonrisa.

Sin darse cuenta que la espada de Damocles blande sobre su cabeza, y esta historia que nació destinada a terminar lo hará más temprano que tarde. Pero no debería extrañar a nadie ya que esto es perfectamente natural, a lo mucho nos encontraremos en nuestras vidas con una historia de amor que dure por siempre, nuestro siempre.

Y así la feliz pareja entra a la sala del cine, con la ilusión de poder extender ese momento lo más posible.

sábado, 18 de febrero de 2012

Historia #5

Efímera Sonata Nocturna

Hacia tiempo que había perdido su esplendor, las farolas, ahora rotas, ya no brillaban por las noches iluminando el ancho y empedrado camino principal. Nada quedaba ya de aquel viejo encanto de las noches de feria, donde los arboles de la plaza eran adornados con lamparas de papel de colores y del conjunto musical que tocaba en el kiosco mientras hombres y mujeres daban vueltas en torno a el con direcciones contrarias.

Los mejores días del pueblo se los llevó el primer camión de pasajeros que recorrió la nueva carretera que situada unos kilómetros adelante, llevando el progreso y la modernidad a nuevos lugares, volviendo obsoleto el tren de pasajeros e necesaria la estación de ferrocarril que tanta importancia le había dado al pueblo. Poco a poco la gente se fue marchando en busca de mejores oportunidades, y ese lugar no paso de ser una promesa sin cumplir. Una promesa de algo grande, algo bello, de un hermoso sitio para vivir, y las casas fueron quedando vacías poco a poco, sus paredes se cubrieron de enredaderas, las lamparas se fundieron una a una sin nadie que se preocupara en cambiarlas.

Incluso la escuela que en su cúspide tenia un salón para cada grado, ahora se bastaba con uno solo para albergar a todos los alumnos desde primero hasta sexto. Y que decir de las clases de música que habían quedado en el olvido. Murieron el día en que el profesor, cansado por los años decidió no volver a tocar el piano. La artritis hacia demasiado doloroso el tocar, aunque en primavera, cuando el día era particularmente bueno, lograba, por unos instantes, hacer magia con su viejo piano de cola. Orillándolo a enclaustrase prácticamente ya que solo salia por lo absolutamente indispensable.

Una verdadera ironía la suya, cuando joven era demasiado feliz para resultar sobresaliente, ahora, con la melancolía suficiente para alimentar su inspiración el peso de los años no le permitía tocar mas allá de 5 minutos, pero solo en los mejores días de la primavera. Ahora, en la ultima casa de la calle principal en la mas fría noche de invierno su corazón comienza a latir de una manera extraña, con un ritmo raro. Lentamente se acerco al piano y poco a poco fue reproduciendo, literalmente, el ritmo que su corazón le dictaba. Al principio presionaba con timidez las teclas, pero poco a poco fue haciéndolo de manera mas fluida, poco a poco la sangre que era bombeada hacia sus dedos los movía al ritmo de la mas hermosa melodía que jamas se haya escuchado sobre la fas de la tierra.

Sus dedos y manos se movían de manera cada vez más frenética a medida que el ritmo de los latidos del corazón se iban incrementando, la música inundaba todo el pueblo, haciendo recordar viejas glorias, y por momentos parecía que las farolas brillaban nuevamente, y las lamparas de colores lucían tan hermosas como cada domingo mientas un par de amantes se besaban a la luz de la luna mientras la melodía alcanzaba su clímax. De pronto todo fue silencio, el sonido se apago y el corazón dejó de latir, y esa hermosa melodía se perdió en la inmensidad de la noche. Mientras yacía sobre el piano un hombre con la satisfacción en el rostro de una vida absolutamente gloriosa, aunque solo fuese en sus últimos momentos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Historia #3

Amor fugaz

Poco a poco la calle se volvió gris y las personas fueron perdiendo el rostro lentamente, casi de manera imperceptible, a medida que menguaba la distancia que los separaba el se perdía mas y mas en ese hermoso rostro angelical, en sus labios de cereza y en esa piel suave como la seda, se perdió en sus ojos hermosos, profundos como un abismo, tan hermosos como solo pueden ser los ojos de alguien que ha vendido su alma al diablo. Miró tan profundo dentro de ellos que logró ver su alma, y en su alma vio la suya y pudo ver la felicidad que sienten las personas cuando de enamoran perdidamente, irremediablemente, quiso detener el tiempo en ese instante, justo en el momento en que sus miradas se cruzaron, tiempo que irónicamente comenzó a correr más rápido, intentó reaccionar, hacer que notara su presencia, que supiera por lo menos de su existencia, pero no le fue posible, ella paso de largo y el solamente pudo ver como se alejaba, sin lograr articular palabra alguna, contemplando el hipnótico vaivén de sus caderas. Se quedo de pie, con el corazón flechado y sangrando a borbotones, con la boca entreabierta y la mirada perdida.

jueves, 21 de octubre de 2010

Historia #2

Ella no murió el primero de Octubre

La noche que comenzó el ultimo día de Septiembre apenas había terminado, los primeros rayos del sol comenzaban a iluminarlo todo, mientras él seguía tomando su mano con dulzura. Había pasado toda la noche a su lado sabiendo que quizá sería la última que pasaran juntos, estaba tranquilo mientras su respiración agitada poco a poco comenzó a calmarse y su pálida mano dejó de apretar la suya, pero siguió sujetándola aún después que dejara de respirar, aún cuando su corazón no latía mas, cuando su piel siempre cálida se torno fría como el hielo y sus labios comenzaron a amoratarse. No lograba comprender lo que realmente sucedía, lo cierto es que para el ella no murió en ese momento, ni cuando los médicos se la llevaron, tampoco cuando todo el mundo se encontraba rezando alrededor de su cuerpo tendido, y mientras todos se acercaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazarlo fuertemente, mientras le decían al oído que lo acompañaban en su dolor, ni siquiera lo hizo cuando depositó la última flor sobre su ataúd justo antes de que comenzaran a cubrirla.

Realmente murió un par de semanas después, justo en el momento en que caminaba por el Centro y se quedo parado justo frente a un gran aparador donde se exhibía un hermoso abrigo para el crudo invierno, el sabia que a ella le habría encantado recibirlo en su cumpleaños y justo en ese momento todo el peso de su ausencia cayó sobre sus hombros, y sus ojos no pudieron contener el llanto y sus piernas no fueron capaces de sostener su cuerpo y en medio de la acera, de rodillas, su corazón se marchito mientras un mar de lágrimas inundaba su rostro, mientras un mar de gente, intempestiva y despreocupada, seguía su camino sin notar siquiera lo que pasaba.

martes, 12 de octubre de 2010

Historia #1

Flores Carmesí

Anoche mientras soñaba conocí un lugar raro, uno que jamás habría imaginado, soñé con un bosque inmenso, con grandes y hermosos arboles, tan grandes que parecían estirar sus ramas para poder acariciar el cielo, ramas cubiertas de unas hermosas flores blancas, de pétalos grandes y delicados que caían cual copos de nieve para cubrir el suelo durante el otoño, con un aroma tan tranquilizante como el semblante de la gente que ahí vivía, personas sencillas y tranquilas, que nada ambicionaban porque nada necesitaban, tenían todo lo que una persona puede llegar a querer, tenían felicidad a raudales. Pero no fue esto lo que más extrañeza me causo, estas personas tenían por costumbre enterrar a sus muertos al pie de un árbol, el cual al año siguiente florecía, como lo había hecho cada año, pero en esta ocasión los pétalos de sus flores ya no eran blancos sino rojos, y así a medida que envejecía el pueblo el bosque perdía poco a poco su palidez para teñirse de un hermoso carmesí. Al despertar solo pude pensar que es una linda forma de echar raíces.