El Cuentacuentos
A la luz de la luna
llena, sentado a la orilla de su cama se acerco hasta ella y sus
labios se unieron por primera vez, cual película de romanticismo
barato sellaron su amor con ese primer beso. ¿Cómo llegaron a este
punto? La verdad ninguno de los dos estaba seguro de ello. Un mes
atrás el no figuraba en su vida, en la vida de nadie de hecho, y en
ese instante su existencia cobro sentido, estaba ahí para hacerla
feliz, no tuvo que decir nada, ambos lo sabían.
Él llego con la luna
nueva, como un murmullo entre sueños, con promesas de libertad,
esperanza y algo mejor. “Todo estará bien” le susurro al oído,
mientras ella dormía profundamente, tomó una silla, se sentó
frente a la cama, puso su mentón sobre el respaldo y la miro tan
atento como quién abre los ojos al mundo por primera vez. Su
respiración, sus labios entreabiertos, cómo cambiaba de posición
hasta quedarse totalmente en calma eran cosas que lo hipnotizaban.
Así siguió mirando mientras el alba se acercaba cada vez más,
apenas vislumbraban los primeros rayos del amanecer ella abrió
ligeramente los ojos y alcanzo a ver una silueta que se desvanecía
dejando dejando un aura de paz y melancolía.
Al caer la noche, una vez
más él la admiraba sentado frente a su cama, pero algo iba
distinto, parecía intranquila, cambiaba de posición constantemente
y su cara no reflejaba la tranquilidad de la noche anterior. A punto
estuvo de despertarla, se acerco un poco, trató de tocarla, pero no
tuvo valor, miro a su alrededor, buscando algo que le ayudase a
cuidar su sueño, encontrando la tan ansiada respuesta sobre la mesa
de noche, un viejo libro de cuentos, grueso, pesado y un poco
enmohecido. El separador colocado justo a la mitad del prologo
sugería que aún no compensaba a leerlo. Eligió una historia al
azar y comenzó a leer, el tiempo transcurría palabra tras palabra,
mientras el murmullo de su voz devolvía la parsimonia al tierno
corazón de la encantadora señorita.
Así transcurrió noche
tras noches, él leía y ella escuchaba entre sueños, lo imaginaba,
apenas lograba ver su silueta desaparecer entre las primeras luces
del alba. No sabía quien era o cómo llegó, más importante aún,
no tenia la mas remota idea de por que volvía cada noche a velar sus
sueños. Palabra tras palabra, murmullo tras murmullo el sentimiento
crecía. Algunas veces ella aparentaba dormir mientras escuchaba su
voz, en otras él acariciaba dulcemente su rostro, la veía con
ternura mientras los dos corazones se fundían en un solo latido.
El tiempo pasa rápido
cuando el corazón vuela y fue así como les llego la luna llena, era
una noche como tantas otras. Recogió el libro de la mesa, lo hojeó
un poco, eligió una historia. Tomó asiento a la orilla de la cama
mientras ella simulaba dormir, él se se acerco un poco más
intentando besar su frente y al sentirlo cerca ella lo tomo por el
cuello. Fue mágico, hermoso y fugaz, mientras sus labios se unían y
sus cuerpos se estremecían el comenzó a esfumarse lentamente como
humo entre sus brazos.
Así como llego se fue,
dejando en su partida un mar de lágrimas y corazón en dos.