Amor fugaz
Poco a poco la calle se volvió gris y las personas fueron perdiendo el rostro lentamente, casi de manera imperceptible, a medida que menguaba la distancia que los separaba el se perdía mas y mas en ese hermoso rostro angelical, en sus labios de cereza y en esa piel suave como la seda, se perdió en sus ojos hermosos, profundos como un abismo, tan hermosos como solo pueden ser los ojos de alguien que ha vendido su alma al diablo. Miró tan profundo dentro de ellos que logró ver su alma, y en su alma vio la suya y pudo ver la felicidad que sienten las personas cuando de enamoran perdidamente, irremediablemente, quiso detener el tiempo en ese instante, justo en el momento en que sus miradas se cruzaron, tiempo que irónicamente comenzó a correr más rápido, intentó reaccionar, hacer que notara su presencia, que supiera por lo menos de su existencia, pero no le fue posible, ella paso de largo y el solamente pudo ver como se alejaba, sin lograr articular palabra alguna, contemplando el hipnótico vaivén de sus caderas. Se quedo de pie, con el corazón flechado y sangrando a borbotones, con la boca entreabierta y la mirada perdida.
jueves, 16 de diciembre de 2010
jueves, 21 de octubre de 2010
Historia #2
Ella no murió el primero de Octubre
La noche que comenzó el ultimo día de Septiembre apenas había terminado, los primeros rayos del sol comenzaban a iluminarlo todo, mientras él seguía tomando su mano con dulzura. Había pasado toda la noche a su lado sabiendo que quizá sería la última que pasaran juntos, estaba tranquilo mientras su respiración agitada poco a poco comenzó a calmarse y su pálida mano dejó de apretar la suya, pero siguió sujetándola aún después que dejara de respirar, aún cuando su corazón no latía mas, cuando su piel siempre cálida se torno fría como el hielo y sus labios comenzaron a amoratarse. No lograba comprender lo que realmente sucedía, lo cierto es que para el ella no murió en ese momento, ni cuando los médicos se la llevaron, tampoco cuando todo el mundo se encontraba rezando alrededor de su cuerpo tendido, y mientras todos se acercaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazarlo fuertemente, mientras le decían al oído que lo acompañaban en su dolor, ni siquiera lo hizo cuando depositó la última flor sobre su ataúd justo antes de que comenzaran a cubrirla.
Realmente murió un par de semanas después, justo en el momento en que caminaba por el Centro y se quedo parado justo frente a un gran aparador donde se exhibía un hermoso abrigo para el crudo invierno, el sabia que a ella le habría encantado recibirlo en su cumpleaños y justo en ese momento todo el peso de su ausencia cayó sobre sus hombros, y sus ojos no pudieron contener el llanto y sus piernas no fueron capaces de sostener su cuerpo y en medio de la acera, de rodillas, su corazón se marchito mientras un mar de lágrimas inundaba su rostro, mientras un mar de gente, intempestiva y despreocupada, seguía su camino sin notar siquiera lo que pasaba.
La noche que comenzó el ultimo día de Septiembre apenas había terminado, los primeros rayos del sol comenzaban a iluminarlo todo, mientras él seguía tomando su mano con dulzura. Había pasado toda la noche a su lado sabiendo que quizá sería la última que pasaran juntos, estaba tranquilo mientras su respiración agitada poco a poco comenzó a calmarse y su pálida mano dejó de apretar la suya, pero siguió sujetándola aún después que dejara de respirar, aún cuando su corazón no latía mas, cuando su piel siempre cálida se torno fría como el hielo y sus labios comenzaron a amoratarse. No lograba comprender lo que realmente sucedía, lo cierto es que para el ella no murió en ese momento, ni cuando los médicos se la llevaron, tampoco cuando todo el mundo se encontraba rezando alrededor de su cuerpo tendido, y mientras todos se acercaban con los ojos llenos de lágrimas a abrazarlo fuertemente, mientras le decían al oído que lo acompañaban en su dolor, ni siquiera lo hizo cuando depositó la última flor sobre su ataúd justo antes de que comenzaran a cubrirla.
Realmente murió un par de semanas después, justo en el momento en que caminaba por el Centro y se quedo parado justo frente a un gran aparador donde se exhibía un hermoso abrigo para el crudo invierno, el sabia que a ella le habría encantado recibirlo en su cumpleaños y justo en ese momento todo el peso de su ausencia cayó sobre sus hombros, y sus ojos no pudieron contener el llanto y sus piernas no fueron capaces de sostener su cuerpo y en medio de la acera, de rodillas, su corazón se marchito mientras un mar de lágrimas inundaba su rostro, mientras un mar de gente, intempestiva y despreocupada, seguía su camino sin notar siquiera lo que pasaba.
martes, 12 de octubre de 2010
Historia #1
Flores Carmesí
Anoche mientras soñaba conocí un lugar raro, uno que jamás habría imaginado, soñé con un bosque inmenso, con grandes y hermosos arboles, tan grandes que parecían estirar sus ramas para poder acariciar el cielo, ramas cubiertas de unas hermosas flores blancas, de pétalos grandes y delicados que caían cual copos de nieve para cubrir el suelo durante el otoño, con un aroma tan tranquilizante como el semblante de la gente que ahí vivía, personas sencillas y tranquilas, que nada ambicionaban porque nada necesitaban, tenían todo lo que una persona puede llegar a querer, tenían felicidad a raudales. Pero no fue esto lo que más extrañeza me causo, estas personas tenían por costumbre enterrar a sus muertos al pie de un árbol, el cual al año siguiente florecía, como lo había hecho cada año, pero en esta ocasión los pétalos de sus flores ya no eran blancos sino rojos, y así a medida que envejecía el pueblo el bosque perdía poco a poco su palidez para teñirse de un hermoso carmesí. Al despertar solo pude pensar que es una linda forma de echar raíces.
Anoche mientras soñaba conocí un lugar raro, uno que jamás habría imaginado, soñé con un bosque inmenso, con grandes y hermosos arboles, tan grandes que parecían estirar sus ramas para poder acariciar el cielo, ramas cubiertas de unas hermosas flores blancas, de pétalos grandes y delicados que caían cual copos de nieve para cubrir el suelo durante el otoño, con un aroma tan tranquilizante como el semblante de la gente que ahí vivía, personas sencillas y tranquilas, que nada ambicionaban porque nada necesitaban, tenían todo lo que una persona puede llegar a querer, tenían felicidad a raudales. Pero no fue esto lo que más extrañeza me causo, estas personas tenían por costumbre enterrar a sus muertos al pie de un árbol, el cual al año siguiente florecía, como lo había hecho cada año, pero en esta ocasión los pétalos de sus flores ya no eran blancos sino rojos, y así a medida que envejecía el pueblo el bosque perdía poco a poco su palidez para teñirse de un hermoso carmesí. Al despertar solo pude pensar que es una linda forma de echar raíces.
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